lunes, 17 de enero de 2011

ácidos grasos omega I

Sabemos que existen dos tipos de grasas: las saturadas y las insaturadas. Las primeras deben su nombre al hecho de que contienen ácidos grasos saturados. Estos son químicamente estables, confieren solidez o dureza a las grasas. Estas grasas saturadas predominan en las grasas de origen animal y su exceso empeora nuestra salud al favorecer los procesos de arteriosclerosis. Además nuestro organismo transforma en grasas saturadas el exceso de calorías de nuestra alimentación.
Por otra parte, los ácidos grasos insaturados son más inestables, confieren fluidez a las grasas, predominan en las grasas vegetales y frenan los procesos de arteriosclerosis. Se les considera “esenciales” ya que nuestro organismo no puede producirlos a partir de otros compuestos.
Entre los ácidos grasos insaturados distinguimos: los monoinsaturados (un doble enlace en su estructura química, como el ácido oleico (abundante en el aceite de oliva, aguacates, cacahuetes, etc.), y los polinsaturados (más de un doble enlace), algunos “esenciales”, como son los ácidos omega 6, abundante en las semillas de girasol, maíz, etc, y los omega 3, abundante en las semillas de lino, colza, pescado azul, etc.
Proporción adecuada entre Omega 6 y Omega 3
Desde el punto de vista dietético no sólo es importante que las grasas insaturadas predominen en gran cantidad sobre las saturadas, sino también que la proporción entre ácidos grasos omega 6 y omega 3 sea la adecuada (no mayor de 5 a 1). El problema es que desde que se practica la ganadería intensiva y se alimenta con grano (cereales y soja) al ganado y, además, se emplean en el consumo humano grasas muy ricas en omega 6 y pobres en omega 3, la proporción puede llegar a ser de 10-40 unidades de omega 6, por cada unidad de omega 3.
Antiguamente en nuestra alimentación esta proporción era 1/1 y ahora debido a los cambios dietéticos la proporción está siendo de 10 a 1 o más. Nuestro primer alimento, la leche materna, presenta una proporción omega 6/omega 3 de 5 a1 aproximadamente; proporción que la OMS y la FAO consideran que no debiera sobrepasarse en nuestra alimentación.
Los Omega 3
El ácido alfa-linolénico (ALA) es producido en las hojas verdes de los vegetales (espinacas, verdolaga, algas, etc.) y se encuentra en abundancia en algunas semillas oleaginosas como las de lino (la de mayor contenido), cañamones, nueces, colza, etc.
El ácido poliinsaturado alfa-linolénico es el progenitor de la familia de los omega 3 y se puede transformar en el organismo en miembros de cadena más larga como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA).
Estos también los podemos encontrar en animales acuáticos (fitoplancton, microalgas, pescados azules, crustáceos, moluscos, grasa de foca, etc.). Los pescados de piscifactoría al ser alimentados con piensos y no con su alimento habitual contienen menos omega 3.
Acido alfa-linolénico y su transformación en Omega 3
El organismo transforma el ácido alfa-linolénico en los ácidos grasos omega 3 presentes en el aceite de pescado, EPA y DHA (ácido eicosapentaenoico y ácido docosahexaenoico) de acuerdo a sus necesidades. Al ser un nutriente esencial, el organismo necesita el ácido alfa-linolénico en grandes cantidades, pero como es altamente inestable, no es siempre posible conocer la cantidad exacta que nuestra dieta aporta.
La transformación del ácido alfa-linolénico en EPA y DHA, que son los ácidos omega 3 biológicamente activos, no siempre se realiza correctamente por ejemplo en bebés, ancianos, diabéticos, alcohólicos o tras una enfermedad vírica y si la alimentación no es rica en antioxidantes.
Beneficios para la salud de los Omega 3
El EPA puede ayudar a conservar un corazón sano, al mantener un nivel normal de lípidos en la sangre, un funcionamiento normal de las plaquetas y, por medio de la producción de eicosanoides (prostaglandinas y leucotrienos), mantiene las articulaciones en un estado óptimo, mientras que se estima que el DHA desempeña un papel importante en la transmisión de impulsos eléctricos en las sinapsis del cerebro. La fuente dietética principal de los ácidos grasos omega 3 son los pescados grasos como la caballa y el arenque que se consumen muy poco en los países occidentales.